Y yo agregarìa: "No hay peor lucha que la que no se hace".
Nuevamente estoy en este espacio. Y, para ser muy sincera, esto es más un ejercicio para acostumbrarme a escribir. No me malinterpreten: sí sé escribir, pero me cuesta saber si lo que escribo queda entendible o si simplemente terminó siendo un escrito a lo cantinfleado.
Así que, a manera de inicio de esta nueva etapa, empezaré por contarles cómo surgió este blog y cuál es su objetivo.
Si bien el título del blog ya dice mucho —Anécdotas—, no necesariamente serán anécdotas de bibliotecología, de bibliotecas o de organización del conocimiento. Me considero una persona a la que todavía le falta mucho por aprender, así que seguramente encontrarán aquí algunas experiencias de mi trabajo, quizás de mi vida misma, o reflexiones sobre algún tema que de repente me brinque.
Y, aprovechando que no veo quién lee, pues no me ganará el nervio de pensar qué van a decir.
Aunque, si alguien llega a leer mi blog —sin tema, ¿eh?—, puede opinar. Siempre con respeto y con la intención de externar su postura. Aquí a nadie se le va a cambiar la manera de pensar. Jajajaja. Como si fueran a leerme miles y miles de personas.
Pero digamos que esta es una de mis reglas de oro: se vale opinar, siempre con respeto. Cada quien puede externar su postura sin que eso signifique que va a convencer al otro de pensar igual. Y creo que eso es precisamente lo rico de interactuar: escuchar otras opiniones puede ampliar nuestra visión sobre un mismo caso.
¿Y cómo surgió este blog?
Bueno, consultando con internet, me encontré con que los blogs ya tienen alrededor de 30 años de existir y que sus fines pueden ser muy diversos: desde compartir artículos científicos —los pocos, porque no todos son para eso—, artículos relacionados con alguna empresa, hasta utilizarlos simplemente como una especie de diario. Este último es, más o menos, mi caso.
Este blog lo empecé a usar en 2008. O sea, ya llovió, granizó y hasta se secó.
Comenzó como un experimento. En ese entonces, mi jefe de aquel tiempo abrió un blog para escribir artículos relacionados con la biblioteca y a mí se me ocurrió hacer uno propio.
Así que el 15 de enero de 2008 hice mi primera publicación: subí dos videos de YouTube de dos canciones que me llamaban la atención: “Ay de la Noche”, cantada por Anabantha, y “El baile del Gavilán”, interpretada por Los Chicos de Barrio.
Sí. Así empezó todo.
Después de eso lo dejé por la paz y fue hasta mayo de 2009 cuando me volví a animar a escribir algo. En realidad, solamente escribí de mi ronco pecho un artículo titulado “¿Y cómo fue que…?”.
Lo demás fueron cosas que me gustaba compartir de otras plataformas: videos, cosas que encontraba, cosas que me llamaban la atención y, aparentemente, algunas otras sin mucho sentido.
Supongo que tuvo mucho que ver con pensar: “Ni quien te lea y, de paso, ni quien te entienda”.
Ya sé, ya sé… suena bien azotado, pero siempre he creído que quien escribe es muy valiente, porque ponerse a la vista de otras personas implica exponerse a la crítica. Algunas críticas pueden ser muy buenas y ayudarnos a crecer; otras, en cambio, pueden ser malintencionadas.
Y no sé si ustedes lo han notado, pero cada vez veo más personas que, escudándose en las redes sociales, tienden a ser muy tóxicas y destructivas.
Pero bueno, mejor regreso al blog antes de que me vaya por otro lado.
Un recorrido por mis propios recuerdos
Fíjense que me está gustando este recorrido por mi blog.
Si bien llegué a compartir cómo había estado el tema de mi trabajo, descubrí que el 27 de marzo publiqué un video que armé durante un periodo en el que estuve de incapacidad por mis ojos.
Lo hice con un programa de Windows, utilizando fotografías de algunas de las amistades con las que convivía en ese tiempo. De fondo musical puse una composición de una persona conocida de aquellos años.
Y ahora que lo estoy viendo, descubro algo curioso: algunas de esas personas siguen formando parte de mi entorno y otras ya no.
Y eso, de alguna manera, también es una muestra de que la vida está hecha de cambios. Algunos son para bien, otros no tanto, pero todos, de una u otra manera, nos ayudan a crecer en este camino.
Un blog que, sin querer, habla de mí
En conclusión, si bien mi blog no tiene una línea definida de escribir un diario sobre lo que vivo, sí puedo decirles que mucho de lo que he compartido tiene que ver conmigo: con lo que me llama la atención, con lo que de repente me gusta escuchar, con cosas que me gusta hacer a manera de experimento cuando tengo tiempo libre.
Como fue el caso de “mi primer video”.
Creo que ya no volví a hacer otro, porque, de verdad, hacer un video requiere tener mucho tiempo libre y paciencia… dos cosas que no siempre tengo.
Y acabo de descubrir que hice un último intento por escribir en enero de este año.
¡Puff!
Pero entre el cierre de 2025 y los primeros tres meses de 2026, mi vida se volvió todo un caos.
Digamos que, de unos años para acá, han sido cambios muy fuertes, duelos que apenas voy procesando cuando llega otra pérdida. Y de eso ya les estaré escribiendo: de las pérdidas y de cómo llegan a dar esos ramalazos en la vida.
Vamos por otro intento
Así que aquí vamos por otro intento más.
Quizás esta vez sí pueda hacerme de una disciplina para escribir. Estaba pensando que, cada vez que tenga que permanecer en el comedor de mi casa, en lugar de estar scrolleando en TikTok, podría ponerme a escribir.
En una de esas publico cada ocho días.
Y habrá veces, por qué no, que deje en paz al blog.
Pero solo el tiempo lo dirá.
Hasta aquí veremos cómo funciona este nuevo experimento. Esta vez tendré mi propio corrector de estilo: la IA.
Otro tema controversial… pero de eso ya platicaremos en otra ocasión.
Y cerraré este post diciendo:
“¡A darle, que es mole de olla!”
Amadis

